Un verano lleno de arte y naturaleza

Aquel Solsticio el viento cálido y húmedo del oeste recorrió las tierras de Artabria y llegó hasta Pena Furada, el conocido Templo de la Diosa Navia. Las florecillas azules que cubrían la cima temblaron suavemente bajo un cielo lleno de nubes que anunciaba el anochecer.

Una fragancia dulce inundó el promontorio cuando llegaron las sombras. En el silencio de la noche, donde sólo se escuchaba la brisa suave y el canto de los grillos, el mundo se volvió amable. Jamás hubiese imaginado, en aquel instante, cómo sería todo un año más tarde.

Noviembre se acaba. El invierno comenzará en pocas semanas y los fríos vientos del norte llegarán pronto. Ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que el pasado verano estuvo lleno de grandes retos e incertidumbres, pero por suerte también de inspiración, arte y naturaleza.

Sus días cálidos y largos me trajeron una agradable sensación de armonía y tranquilidad, me regalaron increíbles acontecimientos celestes, relajantes paseos por el bosque, emocionantes descubrimientos arqueológicos y rupestres… y relajantes baños durante la mágica penumbra de los anocheceres.

El cometa C/2020 F3 Neowise nos visitó a principios de julio, llenando de magia el firmamento.

Lo fotografié durante varias noches, con un equipo antiguo y pocos medios, pero fue en los Menhires del Campo da Rata de A Coruña, al borde del océano, donde conseguí la imagen que estaba buscando.

Creo que recordaré ese momento para siempre, la brisa del Atlántico en el rostro y sobre mí la belleza sobrecogedora e infinita del Universo. Me emociono al pensar en aquel anochecer, en el momento en que vi aparecer el cometa entre las estrellas. Recuerdo que no pude dejar de mirarlo ni un sólo instante, hasta el momento en que tuve que marchar.

Qué insignificantes somos ante la magnitud y la inmensidad del Universo, pero qué grandes al mismo tiempo, porque somos parte de ese engranaje universal. Por suerte la vida nos ha dado la oportunidad de poder existir para contemplar esta obra de arte, y sentir y sobrecogernos ante tanta belleza.

Unos días más tarde descubrí los bellísimos y misteriosos petroglifos de Calvela-Montañés, Súa Lomba y Torreiro, en Vilarmaior.

La magia de sus círculos concéntricos, cazoletas, figuras antropomorfas y animales esculpidos en las rocas hace tres mil años, localizados por el Grupo de Arqueología Terra de Trasancos, me hechizaron por completo durante los días que tardé en explorar aquellas tierras. Estas maravillas prehistóricas conforman una de las mayores concentraciones de arte rupestre de Galicia, un patrimonio valiosísimo de debemos proteger.

Casi al mismo tiempo, buscando el menhir de Cartelida en Monfero, descubrí un lugar increíblemente bello, desgraciadamente muy maltratado por las dañinas plantaciones forestales de eucaliptos.

Aquella tarde caminé por el sendero del bosque que subía hasta el túmulo de las hadas. La luz dorada del sol se filtraba entre las hojas cuando el tiempo pareció detenerse unos instantes. Entonces recordé todo lo perdido. Respiré profundamente y alcé la vista. Una brisa cálida me acarició el rostro y regresé al presente. La magia de aquellos árboles me dio esperanza.

Y este momento mágico inspiró la acuarela “Bajo los árboles”, que pinté unas semanas más tarde.

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Bosques como el que se extiende a lo largo de un tramo del río Cuberto, en A Capela. El pasado verano, buscando tranquilidad e inspiración, caminé por preciosos lugares como éste.

El suave rumor del agua me acompañó durante todo el camino hasta que el río desapareció entre grandes peñascos, en medio de un ruido atronador. También me acompañaron el agradable olor a tierra mojada, la suave brisa atlántica del cercano océano, el dulce canto de los pájaros… y alegres flores “habitadas” por diferentes especies de gráciles insectos.

Existen pocos lugares o momentos en los que soy completamente feliz. Uno de ellos es en la espesura bella e infinita de un bosque, porque su energía sanadora hace que me sienta libre, viva y en paz, en conexión con la Madre Naturaleza.

Otro de esos lugares es el mar, durante la mágica penumbra de sus anocheceres de verano. Es el momento perfecto para nadar, casi en solitario y en completo silencio, cuando únicamente se escuchan las olas en la orilla y alguna gaviota graznando en lo alto.

Y en todos estos lugares y momentos, la belleza infinita del Universo me regaló lo que ninguna otra cosa en el mundo me podrá dar jamás: Vida.

Abrazad la vida y la inspiración. Manteneos fuertes y a salvo. Gracias por leerme, una vez más. ¡Salud, arte y naturaleza para todos! ♥

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©Estefanía Domínguez Cagigao

Agradecimientos:
A Manuel López, por ser cómplice en estas aventuras y por su inestimable ayuda para inmortalizarlas.