El último bosque gallego

Después de un invierno y una primavera en los que apenas pude trabajar en mis proyectos, por fin conseguí terminar la ilustración que podeis ver al final de esta publicación, inspirada en A Devesa da Rogueira, y que forma parte de una carpeta de trabajos que espero publicar en forma de libro ilustrado.

A Devesa da Rogueira es un bosque situado en A Serra do Courel, un paraíso montañoso de la provincia de Lugo que finalmente visité por primera vez el otoño pasado, después de querer conocerlo durante años.

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Emergiendo del pasado legendario de la Gallaecia más remota, ha sobrevivido hasta hoy esquivando los peligros de la civilización humana y sus desmanes ecológicos.

En tiempos donde los dañinos parques eólicos proliferan en Galicia a la misma velocidad que crece la avaricia humana, no sería de extrañar que un día no muy lejano a alguien se le ocurriese construir uno en lo alto de estas preciosas montañas, como están haciendo en este momento en las cercanas cumbres de O Iribio, espacio protegido Red Natura 2000, también en O Courel, donde las máquinas llevan semanas destruyendo un importante ecosistema y restos prehistóricos, a pesar de las protestas y denuncias de particulares y asociaciones ecologistas.

Me gustaría creer que A Devesa da Rogueira va a sobrevivir intacta para siempre, pero su futuro, como el futuro de todo el bosque autóctono galaico, es tristemente incierto.
Conocida popularmente como “el último bosque gallego”, ofrece refugio a multitud de especies de flora y fauna, que encuentran en estas antiguas montañas de laderas abruptas orientadas al norte el hogar perfecto para vivir.

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Recuerdo a menudo aquel domingo soleado y fresco de noviembre. El aire olía a tierra húmeda, a madera, hojas y musgo, a esa deliciosa fragancia característica de los bosques autóctonos gallegos, que a mí me parece uno de los olores más maravillosos que puedan existir.

Un monumental soto de castaños centenarios nos dio la bienvenida nada más llegar, en aquella agradable mañana de noviembre. Tras unos minutos caminando y después de cruzar el arroyo de A Rogueira, comenzamos la subida hacia el primer mirador, que transcurrió por un sendero con unas vistas increíbles de A Devesa. Lo recorrimos asombrados, absortos por tanta belleza, parando a cada paso para hacer fotografías. Un camino de apenas una hora nos llevó el doble, pero estábamos encantados.

Las tonalidades amarillas, naranjas, ocres y rojizas de la vegetación contrastaban con el verde de las zonas de pradera. Esa es la imagen que todos conocemos de A Devesa, la que constantemente se nos muestra en los medios de comunicación y, al contemplarla en directo, pude constatar que es aún más hermosa de lo que imaginaba.

Sobre el mirador natural que era nuestro destino, formado por un saliente rocoso al final de un adorable bosquecillo de abedules, paramos a reponer fuerzas.

Ahora pienso en aquel balcón sobre el paraíso donde estuvimos algo más de dos horas, disfrutando de nuestros bocadillos, el paisaje, el canto de los pájaros, el sonido de la brisa en los árboles, el murmullo del arroyo cercano… y no logro entender cómo los seres humanos nos hemos alejado tanto de nuestro hogar, siendo capaces de destruirlo sin el menor atisbo de remordimiento.

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El bosquecillo de abedules otoñales resultó ser el lugar perfecto para hacer una pequeña sesión fotográfica de fantasía. Y en ese instante inspirador, el reloj se detuvo durante un tiempo. La luz tenue, dorada, irreal y mágica, que se filtraba a través de las hojas amarillas, transformó el momento en un delicioso sueño prerrafaelita.

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Entonces comenzó a caer la noche con una rapidez asombrosa. La temperatura descendió bruscamente cuando las sombras se extendieron sobre A Devesa. El tiempo había pasado sin que nos diésemos cuenta, pero ya eran las siete de la tarde ¡de un noviembre galaico!

Apuré la fotografía de una pequeña seta roja, que a mí me pareció “encantadora”, antes de regresar por el oscuro sendero, ayudados por la reconfortante luz del farolillo y unas linternas.

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Y al bajar vimos ascender La Luna por detrás de las montañas, blanca, brillante, bellísima. Una imagen indescriptible, mágica, con la que aún hoy sueño algunas veces.

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Escuchábamos ulular a las lechuzas en la profundidad del bosque y a nuestro alrededor. Fue increíblemente liberador y emocionante caminar en la oscuridad mientras muchos habitantes del bosque despertaban, sintiéndonos parte de aquel lugar tan especial.

“En la oscuridad del otoño tardío
sopla el viento del norte.
Sobre las montañas se alza la diosa,
y en las sombras de la noche silenciosa
A Devesa es la más hermosa”.

¡Cuanta belleza! No necesitamos el consumismo con el que nos han esclavizado, ni los centros comerciales, ni el teléfono móvil último modelo… ni las promesas de tantas cosas banales y falsas que nos ofrece un sistema caduco y enfermo.

Vivir la naturaleza y respirar con su ritmo lento e intenso es lo que de verdad da valor a la vida ♡

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La dama de A Devesa da Rogueira que podeis ver bajo estas líneas está inspirada por este lugar y por una de las fotografías hechas en el bosque de abedules.
La hice con un rotulador Pigma Micron de Sakura y acuarelas Van Gogh.
Podeis ver un sencillo tutorial en mi nuevo espacio para suscriptores de Patreon.

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Gracias por acompañarme en este viaje a la magia de A Devesa da Rogueira. Sed muy felices ♥

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Prerrafaelita: relativo a la Hermandad Prerrafaelita o Prerrafaelista, movimiento artístico e intelectual fundado en 1848 en Londres por John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y William Holman Hunt. Los temas pictóricos asociados al movimiento están inspirados en leyendas antiguas y medievales, destacando su especial interés por la naturaleza.
Entre los pintores más representativos destacan John William Waterhouse y Edmund Blair Leighton.

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Nota importante:
Nunca encedais un farol con llama en el bosque sin antes tomar ciertas precauciones. Aseguraos de que el farolillo esté recubierto de materiales que impidan al calor de la llama salir de ese habitáculo, que ha llovido antes y que el bosque está húmedo, y que el viento no pueda alcanzar la llama de ninguna forma, al estar dentro de un recipiente cerrado. Y, por supuesto, incluso tomando todas las precauciones, jamás lo dejeis de vigilar hasta el momento de apagarlo.

Además, si visitais A Devesa da Rogueira, sed respetuosos. No hagais ruído, no movais nada de su sitio, no corteis ni os lleveis nada. Eso incluye cualquier elemento natural. Tampoco dejeis allí basura ni objetos ajenos al bosque. Y si veis basura tirada, recogedla y llevadla al contenedor más cercano. Recordad que A Devesa, así como cualquier bosque, es el hogar de muchos seres vivos y como tal es nuestra obligación respetarlo. Es muy gratificante cuidar de nuestros bosques, de la Madre Tierra, nuestro hogar.

Gracias por ser respetuosos con el patrimonio natural de Galicia, el patrimonio de tod@s ♡
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©Estefanía Domínguez Cagigao

Agradecimientos:
A Paula Gómez del Valle y Manuel López por su ayuda en la realización de la sesión fotográfica y por colaborar con varias de sus fotografías en esta publicación y la de Patreon.

 

El último solsticio de verano

Cuando la luz dorada del atardecer acaricia Pena Furada, el misterioso santuario rupestre de Coirós se convierte en un decorado de película.

La tarde del último Solsticio de Verano estuve allí. Quería verlo ese día mágico, sentir la energía que desprenden sus piedras milenarias, testigos silenciosos de ancestrales cultos galaicos.

Al atravesar la primera entrada pétrea del conocido como Templo de la Diosa Navia, el frágil velo del tiempo se abrió y sentí como el presente se transformaba en un lejano murmullo insignificante desvaneciéndose detrás de mí. Sólo el sonido de un avión de pasajeros en las alturas me recordó fugazmente a qué tiempo pertenecía.

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Recorrí parte del santuario hasta llegar a A Pena da Moura y me senté a contemplar el paisaje bañado por la luz del atardecer, sobre el altar, descalza y con cuidado de no pisar su enigmática figura femenina grabada en la roca. Proteger nuestro patrimonio natural y arqueológico es el mayor acto de amor hacia la tierra, los antepasados y nuestros descendientes.

Qué momento tan bello, el poder ver As Terras do Mandeo, que se extienden a los pies de los peñascos, bañadas por esa luz dorada. Qué agradable fue sentir la brisa en el rostro, la piedra cálida bajo mis pies y el sutil perfume de las pequeñas florecillas azules que crecían alrededor.

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A mis espaldas, sobre una pequeña pila cuadrangular labrada en la roca, en la que aún quedaban restos marchitos de antiguas ofrendas a la diosa, deposité la mía sobre un lecho fresco de hojas de roble: florecillas silvestres, semillas, nueces y conchas marinas. Una ofrenda simbólica que retiré al anochecer, pues no quería dejar allí nada que pudiese “ensuciar” el altar.

A veces quedan en la pila, o desperdigados por el viento, pequeños ovillos de lana roja o collares de conchas marinas. No hacen daño si son biodegradables, pero las cuerdas, cordones, hilos y otros objetos que no se descomponen con rapidez son peligrosos para la fauna y pueden degradar el entorno. No dejar nuestra huella por donde pasamos es una muestra de respeto.

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Tras unos minutos deliciosos disfrutando de la belleza del santuario y el paisaje, el  viento aumentó de intensidad cuando el sol comenzó a descender rápidamente en el horizonte. Contemplé las últimas luces del día más largo…

En un peñasco cercano sonaba una melodía. Un joven tocaba una flauta. Y en el mismo instante en que las sagradas piedras de Pena Furada eran alcanzadas por el último rayo de sol, el velo del tiempo se abrió de nuevo cuando el primitivo ritmo de un timbal se detuvo. Cesó el viento, cayó la noche y miles de grillos comenzaron a cantar al unísono.

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Contemplad al dios eterno,
el que reina sobre todas las cosas,
bajando hacia el oeste.
Desde el templo de la madre Navia,
tras el umbral pétreo
donde viven los ancestros,
en los legendarios peñascos de Pena Furada.

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No encuentro las palabras para describir ese momento en que fui testigo de la sorprendente perfección del Universo, y de su belleza. ¡Y todas las personas que estábamos allí en aquel instante inolvidable formábamos parte de ese engranaje maravilloso!

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Hace unos días hice esta ilustración personalizada, un “casi-autorretrato” 😂 de fantasía inspirado por el recuerdo de aquella tarde mágica. Un dibujo a lápiz sobre papel, coloreado digitalmente y que titulé “Ofrenda a la Moura de Pena Furada”.

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Y no me pude resistir a hacer también la versión Targaryen 😉

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Caminar cada día y cada noche con la inspiración del Sol, la Luna y las estrellas, sería la mejor forma de vivir. Pero desgraciadamente el sistema nos hace esclavos, nos manipula para existir sin vivir, ignorando lo que de verdad importa.

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¡Somos hijos de la Tierra, escuchemos la música del Universo! Gracias por acompañarme al mundo mágico de Pena Furada. Sed felices ♡

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Pena: Peñasco o roca de gran tamaño.
Furada: superficie abierta o agujereada.
Moura: en la mitología gallega, mujer encantada y bellísima, ser feérico que vive junto a los ríos, fuentes, y ruinas de antiguos monumentos, castros y mámoas, donde podemos encontrarla peinando sus largos cabellos con peines de oro.
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Nota importante:
Ningún petroglifo fue pisado o tocado con ningún objeto durante la realización de estas fotografías. Para realizar la de A Pena da Moura me descalcé y, con mucho cuidado, accedí a la roca por su parte posterior, donde se encuentra la “escalera” para subir a la pila de ofrendas. Cuidar el patrimonio es una obligación.
Pena Furada es un yacimiento arqueológico. Si lo visitais, sed respetuosos. No movais nada de su sitio ni os lleveis nada. No piseis sobre los petroglifos ni sobre los muros circundantes. Tampoco marqueis con ningún tipo de pintura o herramienta los petroglifos ni ninguna piedra. Y por último, no dejeis allí basura ni ningún elemento ajeno al yacimiento.
Gracias por ser respetuosos con el patrimonio de Galicia, el patrimonio de tod@s ♡

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© Estefanía Domínguez Cagigao

Agradecimientos:
A Paula Gómez del Valle y Manuel López por su ayuda en la realización de esta sesión fotográfica.
Al músico anónimo que hizo aquella tarde aún más mágica.
A Cris y Joan, por descubrirnos este maravilloso lugar.

Donde el corazón me lleva

Abrí los ojos y vi la inmensidad de las montañas. Una brisa suave y gélida me acariciaba el rostro, mientras cientos de copos caían lentamente a mi alrededor, como pétalos blancos volando en un día de primavera.
Durante meses los vientos del norte detuvieron el tiempo en las tierras de Os Ancares y cubrieron los bosques,  caminos y montañas con un manto de nieve espeso, blanco y helador, hasta la llegada del equinoccio.

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Dulce y hermosa es la fría nieve en las cumbres de Os Ancares,
mas dolorosa y mortífera es la caricia de su viento helado.
No te adentres, caminante, en los senderos de escarcha
al caer la tarde sobre los bosques de O Cebreiro.
Durante el Reino de Hielo de Cailleach Béirre
quédate a resguardo junto al cálido fuego,
y a salvo, hasta el alba.

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Estas fotografías las hice en los alrededores de O Cebreiro, en Os Ancares, a 1.330 metros de altitud y con -4 °C de temperatura, durante una de las últimas olas de frío polar que azotaron el noroeste peninsular el invierno pasado. Mi intención era publicarlas entonces pero, por diversas causas, me fue imposible. Desde enero no pude realizar publicación alguna. A veces el día a día se pone cuesta arriba y es complicado mantener actualizadas las redes sociales y el blog al mismo tiempo. A veces quieres escribir, pero no encuentras las palabras adecuadas.

Pero hace unos días, mientras trabajaba en una nueva ilustración, me vino a la mente ese lugar hermoso a donde el corazón me lleva cada invierno y el sendero mágico que recorrí junto a la cálida y protectora luz de un farolillo. En aquel lugar, y mientras hacía estas fotografías, imaginé una historia, un libro ilustrado que me gustaría ver publicado algún día.

Y esta primavera por fin pude ponerme a trabajar en la idea que tuve aquella preciosa tarde invernal.

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Dibujar los días cálidos y luminosos es muy agradable. La luz se filtra por la ventana suavemente tamizada, perfecta. Un recuerdo, una fragancia, la melodía lejana de aquella canción que tarareaba al caminar por la nieve con el vestido largo de terciopelo, el canto tímido de un pájaro en la lejanía, el viento en los árboles… son detalles que permiten a la inspiración fluir libremente. Así sucedió con este dibujo.

Para hacerlo utilicé papel en tonos tierra (Toned Tan) de 118 gr/m2 y grano medio de la marca Strathmore (maravilloso para lápiz y tintas),  rotulador Pigma Micron 005 de Sakura, pincel de pelo sintético Van Gogh 5/0 de la serie 191, acuarela líquida blanca Ecoline de Royal Talens y un rotulador, también blanco, Gelly Roll 08 de Sakura.

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Y ahora, mientras la nueva damita espera el último toque de pincel en la mesa del estudio, estoy rediseñando la imagen de portada del blog y trasladando parte del contenido de mi página web (que he cerrado temporalmente) a la nueva sección Portafolio, donde se podrá ver una muestra de mi trabajo artístico. Los nuevos cambios estarán listos en unos días y espero que os gusten.

Viva la naturaleza, el arte y la cultura, que nos enriquecen y nos hacen tan felices. Una vez más, gracias por leerme. Mis mejores deseos para tod@s ♡

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© Estefanía Domínguez Cagigao

Agradecimientos:
A Paula Gómez del Valle y Manuel López por la ayuda en la realización de mis retratos en la nieve.

El comienzo de un tiempo nuevo

Soplaba una brisa suave y húmeda en Las Colinas de Hadas, casi imperceptible. Olía a tierra y hojas mojadas. Cantaba un mirlo en las alturas. Bailaba el silencio, delicioso, entre los árboles.

Ya hacía unas cuantas semanas que no escribía en el blog. Diversas circunstancias y las constantes visitas al veterinario con Pedro y Gabriel, dos de mis gatos, me han restado tiempo y me han mantenido con la energía bastante baja. Pero al fin estoy de vuelta.

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Las fotos de esta publicación fueron realizadas a mediados de diciembre. En esos días compartí una (bajo estas líneas) en Instagram y Facebook, pero tenía ganas de mostraros el resto porque el lugar donde se hicieron es bellísimo.

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Esta época es ideal para visitar Las Colinas de Hadas, un bosquecillo secreto del Parque Natural de As Fragas do Eume, y contemplarlo delicadamente iluminado por la luz invernal, dorada y tenue que precede al atardecer.

Lo llamé Las Colinas de Hadas la primera vez que me adentré en él, hace ya unos años, porque está lleno de montículos feéricos que se levantan sobre un suelo repleto de piedras cubiertas de musgo.

En la siguiente fotografía se distingue una de esas pequeñas elevaciones, llena de helechos rojos, a la derecha, al fondo entre los árboles.

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Y de nuevo, en los días cercanos al solsticio,  caminé entre las colinas. Quería ver el bosque con su traje de invierno, melancólico y decadente ¡Todo es tan mágico allí ! Puedes aislarte del mundo exterior por completo; dejar atrás el caos insano de la ciudad y respirar con el latido de la naturaleza. Lugares así me dan fuerza, me sanan y me llenan de una energía muy especial, que influye de manera positiva en mi salud y creatividad ♥

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Fue una tarde bonita, tranquila y silenciosa. ¡Adoro el silencio! Lástima que los días son muy cortos y las sombras de la noche caen veloces sobre As Fragas do Eume.
Siempre disfruto de la penumbra de esos instantes, pero hacía bastante frío y era prudente regresar a casa. Sin embargo, antes de irme, visité a Meu, el viejo roble que dibujé para la portada de Extra Mundi, uno de los trabajos más recientes del grupo gallego de música folk Luar Na Lubre, y le prometí que regresaría pronto.

Podéis ver ese momento y el cercano río Eume, al anochecer, en las siguientes imágenes.

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Ahora escribo este texto en mi estudio, “acompañada” de un té caliente y pensando en la próxima ilustración. Entonces mi mente recita los versos de un viejo y bello poema de “El Hobbit” de Tolkien:

El viento bajaba de las montañas frías,
y como una marea rugía, y rodaba,
la rama crujía, el bosque gemía
y allí se amontonaba la hojarasca.

Pasando por encima del cubil del Dragón,
dejó atrás la Montaña solitaria y desnuda;
había allí unas piedras oscuras y compactas,
en el aire flotaba una bruma.

Qué felicidad estar aquí otra vez. ¡Feliz año a todos y que sea el comienzo de un tiempo nuevo maravilloso! Gracias por seguir ahí y que tengáis una gran semana ♥

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© Estefanía Domínguez Cagigao

Agradecimientos:
A Paula Gómez del Valle, autora de las dos primeras fotografías.

Los últimos días del otoño

Han pasado bastantes semanas desde mi última publicación. Varios compromisos me han mantenido ocupada, alejada de los lápices y de este blog, pero afortunadamente todo ha vuelto a la normalidad y por fin he podido terminar el dibujo de la dama con el farolillo que comencé en los días previos a Samaín.

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Con frecuencia, después de un tiempo realizando otras tareas que requieren esfuerzo y dedicación, necesito unos días de descanso para “cargar pilas” y permitir que la inspiración regrese. Pero en esta ocasión quise acelerar ese proceso, así que probé con un viejo truco que casi siempre me funciona: crear un ambiente agradable y acogedor con un poco de atrezo sobre la mesa del estudio.
Varias velas y unas cuantas hojas secas (que recojo en mis paseos por los bosques y los jardines de la ciudad), a las que sumé un delicioso té caliente, me ayudaron a finalizar el trabajo.

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En esta ocasión utilicé una hoja de papel Esbozo Studio de Canson de 90 gramos/m2, portaminas Staedtler Graphite 777 0,5 con mina HB, portaminas TK Fine Faber Castell 0,5 con mina 2B (ambos los conservo de mi época de estudiante en la Escuela de Arte y Diseño) y lápices de grafito 3B y 5B Design by Bruynzeel de Sakura.

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Pero cada trabajo terminado es un triunfo merecedor de una pequeña recompensa, así que me tomé el resto del día libre para dar un paseo por la Fraga del río Sisalde, un precioso bosque autóctono de robles, castaños, alisos y sauces… situado en tierras de Arteixo, que se convierte en un melancólico carrizal antes de que el río desemboque en el océano Atlántico, en la cercana playa de Barrañán.

Disfruté como nunca de la luz dorada de aquella tarde, el silencio, la agradable temperatura, el canto de los pájaros, el aire puro y el olor penetrante a tierra húmeda, debido a la lluvia que había caído hacía pocas horas. La alfombra de hojas secas crujía bajo mis pies. Me encanta ese sonido delicioso, ¿a vosotros no?

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Sisalde es un tesoro que posee varios molinos centenarios y un laberinto de caminos bellísimos. Pero sin duda mi lugar preferido allí es el sendero que discurre bajo un tupido túnel de laureles.

Cuando llegas a la entrada, piensas si realmente no estarás en el Bosque Viejo de la saga literaria El Señor de Los Anillos de J.R.R. Tolkien. “Recuerda lo que Bilbo solía decir: Es peligroso Frodo, cruzar tu puerta. Pones tu pie en el camino, y si no cuidas tus pasos, nunca sabes a donde te pueden llevar”.

La senda bajo los laureles de Sisalde siempre me recuerda la escena cinematográfica donde Frodo apremia a sus amigos hobbits a esconderse, perseguidos por los Jinetes Negros: “¡Salid del camino, rápido!”, grita Frodo mientras las hojas son empujadas por un viento que presagia la llegada de los terroríficos sirvientes de Sauron…

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Estuve ahí muchas veces pero, en esta ocasión, decidí hacer algo especial. No había viento, ni siquiera una ligera brisa, y el bosque estaba húmedo, así que no había peligro. Al caer la noche encendí un farolillo (el mismo en el que me inspiré para diseñar el que lleva la dama de mi dibujo) y caminé por el oscuro sendero bajo los árboles, en completo silencio, agudizando mis sentidos. Los habitantes nocturnos comenzaban a despertar, los árboles me observaban…

Sentir el latido del bosque y la energía sobrenatural de un lugar tan extraordinario fue simplemente indescriptible.

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Y sostener con mi mano aquel farolillo, una forma simbólica de traer luz a la oscuridad en los días previos al Solsticio de Invierno, se convirtió en una de las experiencias más mágicas e inspiradoras que he vivido nunca en mis paseos por los bosques.

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Entre las brumas que ascienden de los prados,
graznaba el negro cuervo al anochecer.
Farolillo no te apagues,
brilla en Sisalde hasta el amanecer.

Gracias por acompañarme en el relato de este pequeño viaje a mi estudio y al mundo mágico de la Fraga de Sisalde. Disfrutad de los últimos días del otoño y sed muy felices ♥

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Nota importante: Nunca encendáis un farol con llama en el bosque sin antes tomar ciertas precauciones. Aseguraos de que ha llovido antes y el bosque está húmedo, que no hay viento y que el farolillo está recubierto de materiales que impidan al calor de la llama salir de ese pequeño habitáculo, como metal o cristal. Y por supuesto, jamás lo dejéis de vigilar hasta el momento de apagarlo.

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© Estefanía Domínguez Cagigao

Agradecimientos:
A Manuel López, por su ayuda en la realización de varias fotografías en la Fraga de Sisalde.

 

Allí donde existe la magia

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Estos días de otoño, en los que nos preparamos para el largo y frío letargo invernal, son especiales. El olor a tierra húmeda, el acogedor fuego en el hogar y las deliciosas cenas de castañas asadas crean una atmósfera incomparable a cualquier otra época del año. La magia impregna el aire, extendiéndose, junto con la oscuridad, por todos los rincones de la tierra.

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Caminar entre los árboles, mientras las sombras de la noche se ciernen sobre el hermoso bosque y los espectros fríos y silenciosos de los difuntos acechan en solitarios cruces de caminos, produce sentimientos opuestos de calma y desasosiego.
Es delicioso pasear bajo los árboles dorados por el sol del atardecer, escuchando el crujido de las hojas secas bajo los pies.
Me encantan estos lugares, pero especialmente los claros del bosque donde crecen los “pelos de trasno”, como yo los llamo, abundantes allí donde existe la magia.

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En Galicia ya no camina la Santa Compaña, la legendaria procesión de ánimas que vagaba por los oscuros caminos. Pero en la víspera de Todos los Santos, en la noche que muchos llaman Samaín, los espíritus de los ancestros regresan durante unas horas para acompañarnos en este lado de la vida. Mantenemos el fuego vivo durante la noche para acogerlos en nuestro hogar y les ofrecemos dulces, en señal de respeto y bienvenida.

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Venid a mi Fieles Difuntos, Espectros de la Noche, Duendes de las Sombras.
Sed bienvenidos en esta noche dulce y despiadada,
mientras el mundo duerme,
hasta que al fin llegue la liberadora, ansiada y fría luz del alba.

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Además de mis sombríos y relajantes paseos por el mágico bosque de O Souto de Compostela y Ames, estos días en el estudio comencé una nueva obra.

Estoy trabajando en el dibujo a lápiz. Después le daré el color digitalmente. Creo que será una ilustración oscura, muy acorde con esta época.

En las siguientes imágenes podeis ver la ilustración y la merienda de ayer; té y unos exquisitos dulces tradicionales gallegos: buñuelos, Huesos de Santo y un bol de castañas. Además este año decidí probar unas ricas y artesanales galletas con chocolate, de la Bombonería Praliné de A Coruña, decoradas según la tradición de Samaín y Halloween.

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Feliz Víspera de Todos los Santos, Feliz Noche de Samaín y de Halloween, Feliz Día de Todos los Santos y de Difuntos. Feliz Comienzo de la Época Oscura y de los Ancestros, hasta el solsticio de invierno.

Tened hoy mucha precaución en los bosques y en los cruces de caminos solitarios, porque ya llegan las tinieblas y las puertas del sidhe se abren durante unas horas.

¡Feliz noche mágica! ♥

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© Estefanía Domínguez Cagigao

La calma en la tempestad

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El pasado domingo visité un bosque a orillas del río Sarela, en tierras de Compostela. Quería hacer un pequeño reportaje con motivos otoñales y cargar energía, esa que sólo puede proporcionar un relajante paseo por una fraga autóctona gallega.

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Tras aseguramos de que en aquella zona no había alertas de incendio, nos adentramos en un monte de pinos altos y helechos rojizos, pero la fraga autóctona de robles, castaños y abedules no tardó en aparecer a medida que bajábamos por una suave pendiente hacia el afluente del Sar.

El día amaneció con un calor sofocante, producto del frente cálido que precedía al Ophelia, un huracán de categoría 2 que esa noche pasaría sobre el Atlántico muy cerca de Galicia, en su camino hacia Irlanda. Así que decidí no llevar el trípode para hacer el paseo más liviano, aunque ello implicase no poder hacer algunas fotografías por falta de luz.

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El bosque estaba extrañamente silencioso, pero bellísimo bajo la luz tenue, dorada, trágica e irreal de un sol enrojecido por el humo. Bajo los árboles se respiraba mejor.

Durante las dos horas que caminamos por un precioso sendero cubierto de hojas secas, descubrimos un curioso campo de Amanitas muscarias extrañamente descoloridas, cientos de delicados crocos, helechos verdes y helechos secos, marrones, rojos, amarillos y naranjas, antiguos muros de piedra construidos para evitar los deslizamientos de las tierras sobre el río, y las melancólicas ruínas de dos molinos centenarios.

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Aquel bosque de ribera compostelano nos ofreció imágenes inolvidables, mientras Jack y Fújur, nuestros compañeros caninos, corrían emocionados olfateando cada rincón.

Observando el sendero que dejábamos atrás, en compañía de Fújur, pensé en la paradoja de la vida. Mientras disfrutaba aquel momento de paz en un lugar mágico, en el mismo instante un infierno de llamas estaría destruyendo otros bosques a pocos kilómetros. La calma en la tempestad.

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Fue muy triste y frustrante saber que no podía hacer nada más que seguir con mi vida y esperar. Aguardar rogando que no ocurriese nada irremediable…

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Aquel domingo de octubre de 2017, mañana hace exactamente una semana, el día amaneció despejado, pero un manto de humo espeso se fue extendiendo por toda Galicia en pocas horas, de sur a norte, ocultando el sol… Olía a madera quemada…

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Fue entonces cuando, al regresar de la caminata, empezamos a ser conscientes de la difícil situación y de los más de cien incendios declarados aquel día, agravados por el fuerte viento y el peligroso eucaliptal en que se han convertido muchos de nuestros montes en las últimas décadas.

La nube de humo era muchísimo más espesa que por la mañana. A las seis de la tarde parecía de noche y llovía ceniza…

Nunca Máis!

 

Gracias por leerme y por vuestros comentarios aquí y en mis redes sociales. ¡Que paseis un muy feliz sábado! ♥

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© Estefanía Domínguez Cagigao

Agradecimientos:
A Manuel López, por su ayuda en la realización de varias instantáneas.