Los últimos días del otoño

Han pasado bastantes semanas desde mi última publicación. Varios compromisos me han mantenido ocupada, alejada de los lápices y de este blog, pero afortunadamente todo ha vuelto a la normalidad y por fin he podido terminar el dibujo de la dama con el farolillo que comencé en los días previos a Samaín.

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Con frecuencia, después de un tiempo realizando otras tareas que requieren esfuerzo y dedicación, necesito unos días de descanso para “cargar pilas” y permitir que la inspiración regrese. Pero en esta ocasión quise acelerar ese proceso, así que probé con un viejo truco que casi siempre me funciona: crear un ambiente agradable y acogedor con un poco de atrezo sobre la mesa del estudio.
Varias velas y unas cuantas hojas secas (que recojo en mis paseos por los bosques y los jardines de la ciudad), a las que sumé un delicioso té caliente, me ayudaron a finalizar el trabajo.

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En esta ocasión utilicé una hoja de papel Esbozo Studio de Canson de 90 gramos/m2, portaminas Staedtler Graphite 777 0,5 con mina HB, portaminas TK Fine Faber Castell 0,5 con mina 2B (ambos los conservo de mi época de estudiante en la Escuela de Arte y Diseño) y lápices de grafito 3B y 5B Design by Bruynzeel de Sakura.

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Pero cada trabajo terminado es un triunfo merecedor de una pequeña recompensa, así que me tomé el resto del día libre para dar un paseo por la Fraga del río Sisalde, un precioso bosque autóctono de robles, castaños, alisos y sauces… situado en tierras de Arteixo, que se convierte en un melancólico carrizal antes de que el río desemboque en el océano Atlántico, en la cercana playa de Barrañán.

Disfruté como nunca de la luz dorada de aquella tarde, el silencio, la agradable temperatura, el canto de los pájaros, el aire puro y el olor penetrante a tierra húmeda, debido a la lluvia que había caído hacía pocas horas. La alfombra de hojas secas crujía bajo mis pies. Me encanta ese sonido delicioso, ¿a vosotros no?

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Sisalde es un tesoro que posee varios molinos centenarios y un laberinto de caminos bellísimos. Pero sin duda mi lugar preferido allí es el sendero que discurre bajo un tupido túnel de laureles.

Cuando llegas a la entrada, piensas si realmente no estarás en el Bosque Viejo de la saga literaria El Señor de Los Anillos de J.R.R. Tolkien. “Recuerda lo que Bilbo solía decir: Es peligroso Frodo, cruzar tu puerta. Pones tu pie en el camino, y si no cuidas tus pasos, nunca sabes a donde te pueden llevar”.

La senda bajo los laureles de Sisalde siempre me recuerda la escena cinematográfica donde Frodo apremia a sus amigos hobbits a esconderse, perseguidos por los Jinetes Negros: “¡Salid del camino, rápido!”, grita Frodo mientras las hojas son empujadas por un viento que presagia la llegada de los terroríficos sirvientes de Sauron…

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Estuve ahí muchas veces pero, en esta ocasión, decidí hacer algo especial. No había viento, ni siquiera una ligera brisa, y el bosque estaba húmedo, así que no había peligro. Al caer la noche encendí un farolillo (el mismo en el que me inspiré para diseñar el que lleva la dama de mi dibujo) y caminé por el oscuro sendero bajo los árboles, en completo silencio, agudizando mis sentidos. Los habitantes nocturnos comenzaban a despertar, los árboles me observaban…

Sentir el latido del bosque y la energía sobrenatural de un lugar tan extraordinario fue simplemente indescriptible.

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Y sostener con mi mano aquel farolillo, una forma simbólica de traer luz a la oscuridad en los días previos al Solsticio de Invierno, se convirtió en una de las experiencias más mágicas e inspiradoras que he vivido nunca en mis paseos por los bosques.

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Entre las brumas que ascienden de los prados,
graznaba el negro cuervo al anochecer.
Farolillo no te apagues,
brilla en Sisalde hasta el amanecer.

Gracias por acompañarme en el relato de este pequeño viaje a mi estudio y al mundo mágico de la Fraga de Sisalde. Disfrutad de los últimos días del otoño y sed muy felices ♥

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Nota importante: Nunca encendáis un farol con llama en el bosque sin antes tomar ciertas precauciones. Aseguraos de que ha llovido antes y el bosque está húmedo, que no hay viento y que el farolillo está recubierto de materiales que impidan al calor de la llama salir de ese pequeño habitáculo, como metal o cristal. Y por supuesto, jamás lo dejéis de vigilar hasta el momento de apagarlo.

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© Estefanía Domínguez Cagigao

Agradecimientos:
A Manuel López, por su ayuda en la realización de varias fotografías en la Fraga de Sisalde.

 

2 respuestas a “Los últimos días del otoño

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